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Zarra: viejo, bueno y grande

Actualizado: 17 de dic de 2018


Telmo Zarraonandia (Erandio 1921-Bilbao 2006) fue el séptimo de diez hermanos, la mitad varones, de los que otros dos llegaron a jugar en Primera: Domingo (delantero del Arenas en la temporada 1934-35) y Tomás (portero del Arenas, Oviedo y Osasuna entre 1928 y 1936). Telmo Zarra fue delantero centro cuando era la profesión más peligrosa pero también la más valorada en el fútbol. Jugó en el Athletic Club entre 1940 y 1955 y anotó 251 goles en 277 partidos de Liga, una cifra que Leo Messi acaba de superar... aunque para ello ha necesitado 12 partidos más, como se encarga de recordar con orgullo Carmen, su hija:


“Messi ha mejorado la cifra de goles, pero no el récord. Para mí seguirá siendo el número uno y siempre lo defenderé”


Zarraonandia ("viejo, bueno y grande”, en castellano) fue un sensacional rematador que futbolísticamente no debería compararse con Messi. Zarra era un nueve, un cabeceador de lujo, un chutador potente con las dos piernas. Él mismo explicaba, ya retirado, que en sus tiempos “el delantero centro tenía la obligación de meter goles, tenía una responsabilidad, una obligación. Y si no marcaba, quedaba mal”.

Zarra empezó ganando cuatro mil pesetas de ficha, con un sueldo mensual de trescientas. Luego, durante años, cuando los traspasos eran imposibles si el equipo propietario no los autorizaba, mantuvo una ficha de treinta mil pesetas. La misma que Panizo y Gaínza, otros dos cracks del mejor Athletic de todos los tiempos. Ganó seis veces el trofeo Pichichi, fue campeón de Liga y cinco veces campeón de Copa, en una época en la que se cuenta que el mismo Franco, tras entregar el trofeo despedía al capitán de los leones con un “hasta el año que viene”. Zarra conserva (y lo que costará arrebatárselo) el récord de goles en la Copa (81 en 74 partidos) y fue el autor de uno de los tantos más famosos de la historia de la selección española, el que batió a Inglaterra en Maracaná en el Mundial de 1950.

Zarra conserva aún la cifra máxima de goles en el torneo de Copa: 81 en 74 partidos

Su fama trascendió fronteras y en Estocolmo, a raíz de un encuentro internacional contra España, anunciaron el partido con su presencia: “La mejor cabeza de Europa después de Churchill”. Zarra fue un pozo de anécdotas. Durante el servicio militar lo raparon al cero porque se escapó para ver un partido. Luego lo dejaron salir para jugar contra el Barakaldo. “Metí dos goles y otra vez al calabozo”, explicaba. Antes de ser famoso y reconocido en todas partes, solía veranear en Panticosa. En una ocasión se cruzó una apuesta entre jóvenes y se organizó un partido de fútbol chicos contra chicas, aunque a ellas se les permitió alinear a un mocetón bajo los palos. Entre los espectadores eligieron a Zarra (sin saber de quién se trataba), pensando simplemente que con su corpulencia sería un buen obstáculo en la portería. Comenzó el partido y a Zarra le metieron un gol. Acto seguido, salió de la puerta con el balón controlado, regateó a todos los rivales y anotó el empate. Volvieron a meterle otro y de nuevo repitió la exhibición para empatar. La broma se descubrió cuando alguien entre el público reconoció al delantero centro del Athletic y explicó con quien se la estaban jugando. Con Telmo Zarra, el hijo del jefe de estación de Mungia. Viejo, bueno y grande.


Publicado en 'La Vanguardia´el 24 de noviembre de 2014

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