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Patrick O'Connell

Actualizado: 17 de dic de 2018


El Fondo para la memoria de Patrick O’Connell (POC Fund) está dispuesto a acabar con una injusticia histórica: el olvido en que cayó quien fue, entre otras muchas cosas como comprobaremos, el entrenador que colaboró a la salvación del FC Barcelona durante la Guerra Civil. Este fondo, constituido el pasado 30 de agosto en el Belfast Celtic Museum, tiene como primeros objetivos reparar el penoso estado en que se encuentra la sepultura de O’Connell y recuperar el legado de un personaje irrepetible. Para conseguir los fondos necesarios han solicitado camisetas firmadas a exfutbolistas famosos y la respuesta ha sido notable porque ya cuentan con las de Johan Cruyff, Luis Figo, Ronald Koeman, Franz Beckenbauer, David Beckham, Paolo Maldini...



Patrick O’Connell nació el 8 de marzo de 1887 en Dublín y tuvo una carrera futbolística destacada. Era un defensa central o centrocampista de contención que pasó por varios equipos como el Sheffield Wednesday, el Hull City y el Manchester United, del que llegó a ser capitán. El 2 de abril de 1915 tomó parte en un choque contra el Liverpool que ha pasado a la historia del fútbol inglés como the fixed match (el partido amañado). Resulta que varios jugadores de ambos equipos aprovecharon que un dos a cero se pagaba bien en las apuestas (7 a 1) para pactar el resultado. Y quedaron 2-0. Y además, O’Connell lanzó a las nubes un penalti, con 1-0. Una investigación determinó que tres jugadores del United y cuatro del Liverpool habían pactado el tanteo y fueron sancionados a perpetuidad, sin considerar las alegaciones de los futbolistas: que necesitaban un ingreso extra ante la previsible suspensión de las competiciones por la guerra.

O’Connell salió indemne, posiblemente por su penalti fallado. Con el tiempo todos reconocieron su culpa y fueron perdonados. Sólo uno, Enoch West, mantuvo siempre su inocencia y purgó la suspensión más larga jamás decretada por el fútbol inglés: treinta años. Nunca volvió a tener relación con el fútbol, pero su nombre figura hoy en día en el cuadro de honor del Manchester United.

Regresó al Barça tras el verano de 1936, pese a la guerra, “porque tenía que cumplir un contrato”

Nuestro protagonista aún vivió otro partido de los que constan en los anales del fútbol. En esta ocasión con los colores de la selección irlandesa, contra Escocia, en el torneo británico de 1914. Irlanda jugaba con sólo diez futbolistas cuando O’Connell cayó en mala postura y se rompió un brazo. A pesar de esta circunstancia quiso mantenerse en el césped y con un vendaje improvisado aún pudo despejar cuantos balones se acercaban a su zona. Contribuyó al empate final y la prensa pudo componer uno de esos titulares que quedan en la memoria: “El partido de los nueve hombres... y medio”. Se había convertido en un héroe.

Después de colgar las botas, la vida de O’Connell entró en una nueva senda insospechada. Tras unos primeros escarceos como entrenador, dejó atrás a su mujer y cuatro hijos y se embarcó hacia España. En 1922 llegó a Santander y tomó el relevo de otro mítico entrenador británico de la primera gran época del fútbol español, míster Pentland. En el Racing, O’Connell se convirtió en un entrenador cotizado. Aportó nuevos sistemas, un mayor control de la preparación física, un fútbol más agresivo... y llegaron los éxitos. El más importante, cuando el equipo cántabro se jugó contra nueve rivales la posibilidad de formar parte de los diez elegidos para la primera Liga de la historia. Sólo quedaba una plaza y el Racing eliminó consecutivamente al Valencia, el Betis y el Sevilla y logró formar parte del primer campeonato de Liga español, en 1929.

"España es como un partido de fútbol en el que los dos equipos intentan comprar al árbitro"

Más adelante dirigió al Real Oviedo hasta que en la temporada 1932-33 lo contrató el Real Betis. En Sevilla lo rebautizan y pasa a ser Don Patricio. Un entrenador adorado por la afición, que se instaló a vivir al lado del campo para dedicarse en cuerpo y alma a los béticos. En 1935 obtuvo un auténtico hito, quizás irrepetible, al convertir al Betis en campeón de Liga. El último partido, el decisivo, se jugó precisamente en Santander y O’Connell tuvo la idea de visitar a los rivales el día antes: “Supongo que como no os jugáis nada no iréis a todas, ¿no?”, les dijo. Pero los futbolistas del Racing le contestaron: “Lo sentimos míster, pero tenemos una prima de mil pesetas cada uno por ganar. Ya sabe, nuestro presidente, que es muy madridista...” El Betis ganó por cero a cinco y desde entonces Patrick O’Connell es un ídolo intocable para los verdiblancos. En su periplo por España, O’Connell contrajo nuevo matrimonio con una irlandesa que conoció en Santander. Eso sí, cada mes enviaba un sobre con dinero a su familia, y sus hijos iban creciendo con la imagen mitificada de un padre que trabajaba en España y era un exfutbolista de fama mundial. Después del éxito en el Betis, O’Connell recibió una oferta irrechazable del Barcelona y se convirtió en el entrenador azulgrana de la temporada 1935-36. No fue un buen año, pero llegó a la final de Copa, en la que el Madrid se impuso por 2-1. Se fue de vacaciones a Inglaterra y estalló la guerra.

En esta situación, el Barcelona le envió una carta indicándole que entendía que no quisiera regresar, pero O’Connell sorprendió a todos: “Tengo un contrato firmado y pienso cumplirlo”. Aceptó que le rebajaran el sueldo, como a toda la plantilla (en su caso de 1.500 a 1.000 pesetas) y formó parte de la gira por México y Estados Unidos que permitiría al club azulgrana sobrevivir económicamente en la posguerra. O’Connell aún dirigió al Barça unos meses en la primera temporada del franquismo, pero los malos resultados dieron por cerrada su etapa en Les Corts. Más adelante también fue entrenador del Sevilla (entre 1942 y 1945), volvió al Betis y de nuevo al Racing, hasta que dio por concluida su carrera deportiva.

En 1949, aprovechando un partido de la selección española en Dublín, uno de sus hijos se acercó a la delegación hispana y preguntó si alguien había oído hablar de “un tal Patrick O’Connell”. “Por supuesto que sí”, le contestaron los andaluces presentes. “Un gran tipo, vive en Sevilla”. Daniel O’Connell pudo viajar a España meses después y su padre le recibió con frialdad. De hecho, lo primero que hizo fue preguntarle... por el Manchester United. Y empezó a sospechar que pasaba algo raro cuando vio que le presentaban en sociedad como “el sobrino” de O’Connell. Daniel dejó escrito un relato de su viaje. Con estos diálogos:


–¿Cómo es España, padre?

–España es como un partido de fútbol en el que los dos equipos intentan comprar al árbitro.

–¿Y Sevilla, cómo es Sevilla?

–Es un lugar donde la gente vive como si fuera a morir la misma noche.


Patrick O’Connell falleció a los 71 años en Londres, el 27 de febrero de 1959. Sus restos descansan en una sepultura anónima del cementerio católico de St. Mary.


Publicat a La Vanguardia el 2 d'octubre de 2014

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