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L'oblidat gol del coix

Als 82 anys ha mort Isacio Calleja, recordat lateral de l'Atlético de Madrid durant 14 temporades (1958-1972). Va ser protagonista d'una jugada avui gairebé impossible: el gol del coix. Als lesionats, quan no hi havia encara substitucions al futbol espanyol, els deien coixos, perquè miraven de continuar jugant, fos com fos, aïllats en la davantera. Calleja va ser l'autor de l'últim gol del coix a la Lliga espanyola. Aquesta és la història...


El gol del cojo

El lateral atlético Isacio Calleja protagonizó hace 43 años la última hazaña de un futbolista lesionado, cuando aún no había sustituciones en el fútbol



Existió un fútbol que nunca volverá. El del juez de silla agazapado junto al poste, el del despeje de zamorana, el de las alineaciones con esquema 2-3-5 que ya sólo subsiste en algunos futbolines de taberna rural. Pero sin ir tan lejos en el tiempo, otras peculiaridades han desaparecido del deporte rey y tampoco regresarán jamás. El gol del cojo, por ejemplo.

Estadio del Manzanares, 6 de abril de 1969. Se enfrentan el Atlético de Madrid y el Sabadell, que vive su mejor etapa en la élite: siete temporadas seguidas en Primera. La protección del industrial lanero Ricardo Rosón ha obrado el milagro y un equipo con Bernardino Pérez –alias Pasieguito– en el banquillo logra codearse con los más grandes. Ese año acabará cuarto y entrará en la Copa de Ferias. En el partido que nos ocupa los arlequinados alinearon a Martínez, Isidro, Pini, Arnal; Marañón, Muñoz; Ortuño, Montesinos, Vidal, Garzón y Pujol. Enfrente, un Atlético con Zubiarraín, Paquito, Martínez Jayo, Calleja; Eusebio, Iglesias; Ufarte, Melo, Luis, Irureta y Hernández.

El Sabadell se avanzó con dos goles de Ortuño, pero Irureta, luego entrenador de prestigio, acortó distancias en el minuto 81.

EN EL MINUTO 89
“Tenía un desgarro muscular y me dejaron delante. Rematé de cabeza... y marqué”

El 1-2 parecía definitivo, con un Atlético en inferioridad por la lesión de Calleja (m. 25), que se había situado en punta para no estorbar. Aún no había cambios y los lesionados, los cojos se les llamaba, quedaban abandonados en el ataque. Para hacer bulto y, si podían, pillar algún balón suelto valiéndose de su libertad de movimientos (escasos).

Isacio Calleja fue el héroe del partido. En el minuto 89, a pesar de un fuerte tirón y la muslera que lucía, consiguió rematar de cabeza un centro del defensa Paquito, volcado en un ataque a la desesperada, para clavar el 2-2 final. Quince días más tarde finalizaba aquella Liga y en la temporada siguiente entraban en acción las sustituciones, dos por equipo, que sepultaron para siempre el gol del cojo.

Calleja tiene ya 75 años, pero no ha olvidado aquel día, lógicamente. “Por supuesto que no, incluso tengo una foto en mi despacho”, comenta. “Además, yo metía muy poquitos, así que se recuerdan fácilmente. Paquito le pegó muy fuerte –las crónicas dicen que chutaba a puerta– y rematé como pude. Caí al suelo y cuando me levanté vi que el ba lón estaba en las mallas”.

OTROS TIEMPOS
Si un lesionado podía mantenerse en pie no abandonaba el césped y se aislaba en el ataque

El defensa internacional, que jugó 14 temporadas en Primera siempre con el Atlético, tampoco ha olvidado su lesión. “Tenía un desgarro muscular y me pusieron en una banda, iba con una muslera, apenas tenía movilidad. En estos casos te dejaban como un estorbo...”.

Las crónicas explican que Calleja “era un hombre mermado, casi incapacitado. No podía disimular su cojera, un jugador medio inútil”. Pero marcó el gol del empate. El último gol del cojo.

El de Calleja es uno de los más recordados, porque seguramente ya no hubo más, pero antes se marcaron muchos. Y si aquel día le tocó recibirlo al Sabadell, entre los aficionados veteranos del propio club arlequinado no se olvida el que marcó Pedro Casado, también lateral zurdo, que llegó al Sabadell procedente del Real Madrid. Sucedió en la Creu Alta, el 15 de octubre de 1967, en un Sabadell-Córdoba. Casado se lesionó a los 8 minutos y se retiró a los vestuarios. Un cuarto de hora más tarde reapareció, en una escena entonces habitual que levantaba el ánimo de la grada. El regreso corajudo de un lesionado, a menudo con aparatosos vendajes, enardecía a la afición que le dedicaba unos aplausos ensordecedores que impulsaban al resto del equipo. Apenas tres minutos después de su retorno Casado pilló un centro-chut de Palau y situó el 1-0 en el marcador. Ganó el Sabadell (2-1) pero las crónicas no se olvidaron de destacar el gol de Casado, un futbolista madrileño que jugó 107 partidos en Primera División entre 1956 y 1968 y sólo marcó un gol. El del cojo.

Como norma común, por poco que el lesionado se pudiera mantener en pie, los entrenadores preferían dejarlo en el césped, ignorando la famosa boutade de Helenio Herrera de que “con diez se juega mejor que con once”. En algunos casos influía decisivamente la tozudez del afectado, que no quería abandonar a sus compañeros. Así lo hizo Kubala el día de su grave lesión en San Mamés, en el fatídico partido de Copa del 23 de mayo de 1954 cuando Arieta le hizo añicos la rodilla a traición. “¿Pero qué haces, no ves que tienes la rodilla destrozada?”, le gritó Ángel Mur. Kubala replicó: “Si me voy, mis compañeros se desmoralizarán”. El masajista del Barça le medio entablilló la rodilla con una venda acartonada y el húngaro aguantó como pudo, aislado en una de las bandas.

Kubala era mucho Kubala y ni cojo descuidaron su vigilancia los nobles leones de San Mamés. No marcó, y a su regreso a Barcelona se confirmó la peor noticia: tenía rotos el ligamento lateral interno de la rodilla derecha y el menisco interno. En la historia azulgrana se recuerda también un gol del cojo en contra. Lo marcó el esportinguista Cástulo en El Molinón el 21 de octubre de 1951. El Once en su tono humorístico, lo narró así: “Los defensas del Barça le hacían objeto de un abandono total. No valía la pena tomar precauciones. Sí, sí... Faltando diez minutos el inválido Cástulo, convertido en diablo cojuelo, lanzó un chutazo que Ramallets no pudo detener. Fíense ustedes de los inválidos y no corran”


Publicat a "La Vanguardia" el 5 de març de 2012


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