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El marcador simultani Dardo

Amb els partits de la Copa es recupera una tradició lamentablement perduda del futbol espanyol: la coincidència horària. Antigament, les tardes de diumenge eren l'apoteosi del futbol, amb nombrosos partits de totes les categories disputant-se a la vegada. Des de casa, triomfava la ràdio i la quiniela. Però des dels camps de joc, calia conèixer un secret: les claus del marcador simultani. Des dels camps de futbol, de primera, de segona, de regional, l'aficionat podia saber en tot moment què estava passant als altres partits. Calia només un llista de claus que et permetien desxifrar el missatge, convertir els missatges publicitaris en partits de futbol. I conèixer amb precisió un reguitzell de petites normes: què volia dir una fletxa vermella, una de groga... Aquesta és la història del marcador simultani Dardo, que en certa forma reneix amb la Copa i encara més amb les jornades finals de les lligues, quan s'imposa l'horari unificat.


El marcador simultáneo “Dardo”

Símbolo de toda una época del fútbol español, su implantación en Barcelona estuvo plagada de peripecias


Hubo un tiempo, no tan lejano, en que los futbolistas no llevaban dorsal. Ni escudo en las camisetas. Y nadie conocía qué estaba sucediendo en los otros campos de Primera División. La aparición del marcador simultáneo “Dardo” fue toda una revolución y las claves para descifrarlo se convirtieron en el más fiel amigo del aficionado previsor. Esta es la historia de aquellos tiempos.

La idea de ofrecer información de todos los partidos la importó de Argentina Rufino Fraile, suegro de José 
María García. Con la colaboración del empresario de perfumería y publicista Federico Bonet, implantó el marcador simultáneo, popularizado en España como “Dardo” porque éste era el nombre de su agencia de publicidad. El marcador se difundió por la geografía futbolística española en la temporada 1951-52, con la salvedad de Cataluña, donde todavía tardó un año en aparecer, debido a una serie de peripecias que confieren a esta historia un atractivo singular.


El marcador simultáneo, cuando la radio no informaba de los partidos y tampoco abundaban los transistores, tuvo un éxito fulgurante. Mediante un sistema de letras clave los aficionados (y los equipos) de Sarrià, San Mamés, Chamartín y cualquier otro estadio podían conocer en todo instante qué estaba sucediendo en los partidos de sus rivales directos, algo impensable poco antes.

Bonet y Fraile buscaron una 
persona de prestigio futbolístico para introducir el marcador y entraron en contacto con Eduardo Teus, un influyente personaje que había sido jugador del Madrid, primer seleccionador español después de la Guerra Civil y que en aquellos momentos ejercía de periodista en el diario “Ya”. Teus negoció y llegó a acuerdos con todos los clubs de Primera División, pero nunca inició contactos con el Barça y el Espanyol. Simplemente, no se atrevió.

El instigador del 11-1 no se atrevió en Barcelona

Teus era una persona poco grata en Cataluña desde que en 1943, con ocasión de una semifinal copera entre el Madrid y el Barcelona, escribió unos artículos incendiarios y se convirtió en uno de los instigadores del histórico 11 a 1 de Chamartín. Teus se escandalizó por lo que él describió como “la caldera hirviente de Las Cortes” (sic) y provocó la reacción del público madrileño en el partido de vuelta. Con estos antecedentes se entiende que nunca negociara con el Barcelona. Y el Espanyol tampoco quiso saber nada de un personaje tan nefasto para el fútbol catalán.


El marcador simultani al camp de Les Corts

El éxito del simultáneo no pasó inadvertido a tres empresarios catalanes, que decidieron hacerse con los derechos para Cataluña. Una temporada más tarde que en el resto de España, el 14 de setiembre de 1952, el marcador llegó a Les Corts y Sarrià. El interés de Federico Pastor, José Luis Caro y Francisco Albiach consiguió romper todos los recelos, fundamentalmente cuando se entiende que Teus está al margen. Los tres promotores catalanes ya habían dado muestras de su “olfato” al llegar a un acuerdo con las principales salas de cine barcelonesas para proyectar en pantalla los resultados de Liga. También estaban detrás de unas hojas con los resultados de fútbol que se imprimían a velocidad récord en ciclostil y se vendían en lugares céntricos los domingos por la tarde.

¡En el campo del Barça estaba prohibida la publicidad!

Pero en la operación del simultáneo aparecieron dificultades inesperadas y la mayor, con el Barcelona. Pastor, Caro y Albiach descubrieron que era imposible instalar el marcador en Les Corts porque una norma del club prohibía la publicidad en el recinto. Una estratagema, que consistió en colocarlo en la azotea de un edificio colindante, solventó el obstáculo y finalmente, en la primera jornada de la Liga 52-53, aparecieron las nuevas claves. Aquel domingo de septiembre, mientras el público contemplaba el Barça-Coruña, hubo noticia instantánea del triunfo del Espanyol en Vigo (clave F del simultáneo) y del empate del Madrid en los minutos finales el partido que perdía 2-1 en Sevilla (clave L).

Para popularizar el simultáneo fue imprescindible divulgar las claves y aquí apareció un nuevo obstáculo: ni un periódico barcelonés aceptó publicar las claves sin contrapartida económica. Y los tres empresarios catalanes dieron un nuevo salto mortal: lanzar su propio semanario con la única intención de ofrecer un soporte a las claves. Así nació “Dicen...” que, con el tiempo, se afianzó en el mercado hasta convertirse en diario deportivo.


Un cambio fundamental

El empujón definitivo al simultáneo llegó en la temporada 1955-56, cuando Pastor, Albiach y Caro descubrieron dónde estaba el verdadero negocio. Reemplazaron las letras por anuncios y llegó el gran éxito del simultáneo “Dardo”, que se convirtió en una mina de oro, con empresas haciendo cola para introducirse en un mercado que apasiona a millones de aficionados y que se reparten ocho anunciantes fijos por temporada.


La organización del marcador “Dardo” en Cataluña se redujo a un minúsculo despacho de la calle Canuda. Un teléfono conectaba permanentemente con la central en Madrid, desde donde llegaban las novedades de todos los campos de Primera, y también se mantuvo abierta una línea con cada uno de los terrenos de juego catalanes con marcador simultáneo. En sus mejores momentos desde la central barcelonesa se distribuyeron las variaciones del tanteador a 22 campos distintos al mismo tiempo: Badalona, Sants, Júpiter, Europa, Sant Andreu, Girona, Lleida, Tarragona, Reus, Igualada... La organización contaba con un telefonista y un encargado del marcador en cada campo y se sentían más que pagados al entrar “de gorra”. Los clubs pagaban por ofrecer el servicio del marcador a sus seguidores, con la excepción del Barça y el Espanyol, a los que, por su especial significado y categoría, se les ofreció el servicio de manera gratuita. El simultáneo “Dardo” fue el símbolo de toda una época que inició su declive con la aparición de los marcadores electrónicos.


Reloj Duward, reloj perfecto

El 11 de septiembre de 1955 entró en acción el nuevo marcador simultáneo con mensajes publicitarios en las claves. Los ocho primeros anunciantes fueron estos: Pluma 22 (portátil Hispano Olivetti) en el Ath. Bilbao-Sevilla; Lavernoya (champaña “laccrima baccus”) en el At. Madrid-Hércules; Philips (radio-luz) para el Celta-R. Madrid; Paños Bambara (“pídalos a su proveedor”) en el Espanyol-Valladolid; Nescafé (“es un producto Nestlé”) en el Las Palmas-Valencia; Licor 43 (“el mejor de todos los tiempos”) con el Leonesa-Alavés; Ocean (camisetas) en el Murcia-Deportivo y Danone (“el mejor yoghourt”) en el Real Sociedad-Barcelona. Durante más de veinte temporadas fueron incontables los patrocinadores que quedaron grabados en el recuerdo de los “hinchas”, como el auto radio Belson, los calcetines Ferrys, el encendedor Flaminaire, las camisetas de felpa El Búfalo, camisas Arpón, colchón Flex, cerveza San Miguel, calcetines Punto Blanco, relojes Duward (“reloj perfecto”), camisas Ike de Tervilor y tantas otras firmas que confiaron en el “Dardo” para popularizar sus productos.


(Aquest reportatge va aparèixer a les pàgines de La Vanguardia el 12 de març del 2000)



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